Constitución y Transición
Aunque no alcanzan para cerrar la transición, celebramos las reformas constitucionales porque atenúan algunos de sus peores rasgos autoritarios. Se eliminan los senadores designados y limita el poder presidencial en su reelección y en acortar su mandato. También es progreso constitucional la mayor subordinación de los militares a los civiles, que supone reinstalar la facultad presidencial de remover los comandantes en jefe. Es positiva la supresión de las facultades del Consejo de Seguridad Nacional de designación parlamentaria, de designación de miembros del Tribunal Constitucional y de intervención en la declaración de los estados de excepción. Y la modificación de la norma que reconocía a las fuerzas armadas como garantes privilegiadas de la institucionalidad y la vacancia que exige al menos un año para que sus jefes sean parlamentarios. Constituye un perfeccionamiento democrático el aumento las facultades fiscalizadoras del Congreso y la asunción de las facultades que estaban radicadas en el Consejo de Seguridad Nacional. En materias judiciales se mejora la Corte Suprema entregándole la superintendencia de los tribunales militares en tiempo de guerra y el Fiscal Nacional rebajando su mandato de diez a ocho años. Y por cierto, es también un avance del principio democrático el intento de reorganizar la integración del Tribunal Constitucional y la reformulación de sus facultades, que incluye el conocimiento del recurso de inaplicabilidad, su funcionamiento en salas y el control de los autos acordados.
Todos los gobiernos de la Concertación han intentado terminar la transición. Pero sabemos que la democracia sólo puede consolidarse con una mutación constitucional que supere el proyecto “pinochetista” y asiente un liderazgo pro democrático en el Congreso y en el Tribunal Constitucional. Porque algunas cuestiones pendientes en la parte dogmática de la constitución son el potencial de insubordinación militar al poder civil, por mantener la seguridad nacional como doctrina. Además con carácter consultivo subsiste el Consejo de Seguridad Nacional. Y sabemos que la seguridad nacional como doctrina es contradictoria con el estado de derecho y que las constituciones democráticas no admiten órganos consultivos. Otro tanto decimos de las regulaciones que se asignan al terrorismo y las incompatibilidades que se mantienen para ser dirigente gremial y político que resultan excesivas y anacrónicas. Asimismo, se ha enfatizado el aspecto de libre elección de los derechos fundamentales, los estados de excepción los restringen en demasía y las acciones constitucionales que sirven para garantizarlos requieren de reforma para ser más accesibles a las personas comunes. Y respecto del derecho al sufragio todavía se impide que voten los chilenos en el extranjero, la inscripción automática no es aceptada y el no votar estando inscrito se sanciona. Y en la parte orgánica de la constitución el Presidente tiene demasiadas atribuciones, particularmente en materias legislativas. El sistema electoral parlamentario subsidia la segunda mayoría y excluye la representación de la izquierda extra parlamentaria como resabio de democracia protegida. Y la renovación del Tribunal Constitucional debe completarse con un sistema de control constitucional que coordine mejor sus diversos órganos. Y el principio de responsabilidad política debe aplicarse a todos los órganos constitucionales.
La reforma generó un nuevo momento constitucional. El Presidente elaborará un texto refundido y suscribirá la nueva carta fundamental. Sin embargo, el poder simbólico de dicho momento no alcanza para cerrar la transición. Es que son muchas y muy significativas las cuestiones pendientes. Por eso, el nuevo texto refundido será un primer antecedente de una nueva constitución. El segundo consiste en asentar un nuevo liderazgo pro democrático en el Congreso y en el Tribunal Constitucional. Es que ahora más libre de ataduras autoritarias será posible desarrollar nuevas prácticas pro democráticas. Ahora sí podremos aspirar a la nueva constitución del bicentenario.&

patricioespinoza opin:
August 2, 2005 @ 3:15 pm
Creo que las reformas constitucionales, recientemente acordadas en el congreso, representan un avance sustancial para el normal desarrollo político de nuestro país, en eso concuerdo con el profesor Pablo Ruiz-Tagle; no obstante aquello, es indispensable hacer incapié en que la transición no ha terminado ni mucho menos, puesto que quedan demasiados temas pendientes (no sólo a nivel constitucional) como por ejemplo la situación judicial de los responsables por violación a los derechos humanos durante la dictadura, resta transparentar el proceso de privatizaciones que tuvo lugar en la dicatdura, resta revisar nuestro sistema de derechos fundamentales a fin de “humanizar” los derechos económicos y sociales que es la gran deuda de nuestro sistema, resta aún ordenar nuestra justicia constitucional, en fin, faltan tanta cosas para poder sostener que la transición ha terminado que suena hasta irresponsable hablar de ello.
Me viene a la memoria fragmentos de la gran novela “El desierto” de Carlos Franz, en especial el truco de un joven abogado para llamar la atención del país sobre las graves injusticias que se cometieron en Pampa escondida, tal vez falta algo así de absurdo para poder darnos cuenta que la transición no se acaba tan sólo reformando una constitucón impresentable.
También Franz sostiene en un artículo publicado en el diario La Tercera que a lo mejor la transición hace bien al país, desde el punto de vista que ha sido el paeríodo más razonable de la historia reciente (y no tanto) de la historia de chile, por la constante negociación que ésta conlleva. Lamento discrepar con Franz, creo que la transición debe terminar, pero para que ello suceda, deben ocurrir muchas otras más cosas que las reformas constitucionales.
daniel_dodds opin:
August 2, 2005 @ 9:32 pm
Sí, transición, ¿pero hasta cuando?
Concuerdo con el profesor en cuanto a la necesidad de efectuar nuevas reformas que vayan estructurando una %u201Cnueva constituci?n%u201D, una carta fundamental que deje de lado sus aspecto autoritarios y limitadores de la voluntad popular implantados por el gobierno militar apoyado por muchos civiles, participes de esa derecha que hoy mismo ocupa lugares dentro de nuestra democracia, que denuncia sus problemas y celebra las reformas a la institucionalidad que ellos ayudaron a formar. Pero sobre esto cabe la interrogante sobre cuál es la duración de nuestra transición. ¿Ser? acabará ésta cuando se borre todo atisbo de lo que fue la dictadura militar en nuestro país?. Sin duda que se deben borrar muchas construcciones efectuadas por este régimen y que se deben aclarar muchas situaciones que hacen todavía imperfecta a nuestra democracia, pero también hay que considerar que toda democracia tiene defectos, claro está que hay algunos más importantes que otros que necesitan una solución pronta y eficaz debido a que afectan en su esencia a los ideales y principios democráticos. Empero, existen otros que quizás necesiten tener un país que deje atrás la fachada tan acurrucadora del proceso de transición a la democracia y que enfrente estos problemas como una democracia en sí, pero que tiene dificultades , como dice Agustín Squella, pasar de la democracia que tenemos a la democracia que queremos, esto porque creo que la propia transición es un fundamento que se ha utilizado para demorar aún más el advenimiento de una democracia plena, como si la transición fuera finalmente una traba para poder avanzar sirviendo de fundamento para que muchas veces no se lleven a cabo reformas más profundas por miedo de perder todo lo que se ha construido en transacción. Por lo tanto creo que si es verdad que faltan resolver grandes problemas en nuestra democracia para dejar atrás de forma definitiva la transición, pero que quizás éstos pueden ser un número acotado y que luego de ser subsanados se puede determinar que de aquí en adelante los problemas los enfrentaremos como una democracia, una democracia que tuvo un pasado oscuro y que falta por esclarecer en muchos puntos, pero que se enfrentará dejando atrás esta cobija que es la transición, la cual produce en muchos casos un efecto aletargante.
Pablo Rubio Almuna opin:
August 3, 2005 @ 2:19 pm
Coincido con las posturas anteriores, respecto de que las nuevas reformas no poseen la médula suficiente para dar término a la transición, rasgo que han querido enfatizar los líderes politicos que las patrocinan (es una idea -imagino- seductora la de ser recordado por la historia como aquel que puso punto final a la transición). Empero logro ver en estas reformas, como muy bien enfatiza el Prof. Ruiz-Tagle, un nuevo momento en el esenario juridico-politico, un instante de profunda sensibilidad frente a la discusión constitucional. En relación con el contenido específico de dichas reformas, quisiera detenerme en la democratizacion (aún parcial) del senado; me remito para ello al período histórico comprendido entre los años 1861 y 1920 aproximadamente. Durante este período se dieron prácticas de hecho parlamentaristas, asombrosamente en el contexto de una constitución presidencialista, autoritaria y restrictiva, a mi juicio porque existió un congreso representativo -atendiendo por supuesto a limitaciones tales como la exclusión femenina, el concepto restrictivo de representacion democrática etc.- Lo cierto es que si bien las reformas discutidas son aún precarias, al tomar como eje el reposicionamiento del parlamento como un poder activo y determinante en nuestro ordenamiento se vislumbran tiempos mejores (no quiere decir ello que confie en calidad moral e intelectual de los parlamentarios) porque un parlamento libre de trabas antidemócraticas debe situarse como la institucion ciudadana por excelencia y el nicho de las tranformaciones que haran de nuestra particular democracia una de la que podamos enorgullecernos. Lo anterior se ve empañado pues subsiste todavia el mal llamado sistema binominal, aberrante escollo en el correcto desempeño democrático de la República.
Creo, a riesgo de sonar redundante, que la democratizacion del parlamento constituye la transición al verdadero fin de la transición
Pablo Fuenzalida opin:
August 6, 2005 @ 9:32 am
Transición… Es de esas palabras que son parte de los noventa en adelante. Para mí, reflejan lo que los discursos en cadena nacional de Pinochet eran en los ochenta una cosa típica, lo que la palabra transición refleja para los noventa en adelante. Yo al menos ya no me importa si seguimos o no en transición. Si me importa el hecho de que la Constitución todavía tenga falencias serias y trabas democráticas. Pero así como los tres gobiernos han intentado cerrar la transición, otros están felices de que no se cierre, porque tienen material para escribir.
De lo que escribe el profesor Ruiz-Tagle, me llama a atención su crítica al sistema electoral como causa de que la izquierda extraparlamentaria no tenga representación. No lo comparto, porque dicha fuerza política nunca ha tendio una gran acogida en sus votaciones desde los 90 en adelante, porcentualmente hablando, lo que salvo que se volviera al error de los sitemas proporcionales, no le permitiría llegar al Congreso en uno completamente mayoritario. Nuestra Constitución tiene varios contrapesos a las mayorías quizás muchos como señala Squella en uno de sus artículos. Consagrar un sistema de mayorías creo sería lo más sano frente a ello. Y allí donde lo hay la izquierda exttraparlamentaria loró sacar un alcalde, en San Fernando (los problemas de su estión son cuento aparte). El problema de dicha coalición creo es de adhesión, no del sistema electoral. El sistema electoral en cambio vuelve ridículo votar, porque basta saber si hay dos candidatos fuertes por pacto y el doblaje es una ilusión, y la competencia se desata en contra del compañero de lista y no del adversario político.
En todo caso, son un avance, aunque todavía no sé sila inaplicabilidad será o no mejor ahora que ants. Porque antes teníamos una Corte que se autolimitó a no conocer las inconstitucionalidades de forma, pero hoy el TC expulsará dicha normativa que en un caso conreto no siempre es igual a un caso abstracto.
p.d.: me gustó el cambio de formato
Pablo Fuenzalida opin:
August 13, 2005 @ 11:24 pm
Ha pasado un tiempo desde que escrib? esto, y nunca me imagin? que pudiera provocar pasiones por parte de Patricio Espinoza. Me alegro, porque eso es la vida universitaria, la discusi?n y debate razonable sobre todo lo que pasa en nuestra realidad. En fin, admito que no entr? en el detalle que Patricio realiza sobre el sistema electoral. En lo personal, soy partidario de una mayor?a fuerte, por lo que prefiero sistemas mayoritarios sin cuoteos de ning?n tipo. Las elecciones de los partidos de los candidatos siempre van a existir, por lo que eso si me disgustara ser?a antidemocr?tico y tendr?amos que esperar esos l?deres autoinvocados y llenrnos de ‘grandes’ caudillos. El problema por ende es otro, de volver r?diculo votar si basta que cada bloque nombre un s?lo candidato para que no sea necesario votar. Ahora, no entend? mucho lo de las federaciones estudiantiles y demases, pero est? claro que si n cada federaci?n estudiantil con suerte vota el 50% de los alumnos el problema es pol?tico y no jur?dico. Y a?n no veo por qu? decir que porcentualmente la izquierda parlamentaria no tiene un fuerete arraigo como para llegar a una representaci?n parlamentaria sea una falacia. Los datos o los hechos son tercos, no los invento yo. Y los procentajes se toman en cuenta de los votos emitidos. No estoy diciendo por eso que no quiero que humanistas y comunistas y otros lleguen al parlamento. Lo que yo digo es que el sistema no necesariamente es LA causa porque dicho conglomerado no llega al poder. Eso es todo. El sistema la obstaculiza probablemente, pero no creo sea la ?nica causa. De la elecci?n de los senadores vinculados a la dictadura, bueno, habr?a que preguntarle a la gente que le gusta votar por ellos que no es poca.
Mario Esquivel opin:
August 22, 2005 @ 1:29 am
Por otro lado me llama la atencion que se este en contra de la doctrina de la seguridad nacional y en contra de resabios “anacronicos” en cuanto a las prohibiciones de participacion gremial de aquellos individuos que participaron en actividades terroristas.
?En que mundo viven?
En un mundo desgarrado por el terrorismo de estado y por otro por el terrorismo fundamentalista, en plena competencia geopolitica de las Potencias por los hidrocarburos y otros recursos, es con mayor razon que se requiere de una institucionalidad de seguridad y que vele por la eficiente organizacion socio politica del Estado.
Como asegurar los derechos fundamentales sino tenemos un Estado capaz de enfrentar tales amenazas a la seguridad nacional?
Mario Esquivel opin:
August 22, 2005 @ 1:32 am
Les posteo un debate muy interesante que desvela por que las F.F.A.A. deben participar en el proceso de desicion de la imposicion de Estados de Excepcion Constitucional en relacion a la subordinacion de las F.F.A.A. al poder civil.
Aylwin Az?car, Patricio. Art?culo publicado en Diario el Mercurio 1 de Noviembre de 1972 citado por Miranda Carrington, Sergio. %u201CLas Fuerzas Armadas en el Ordenamiento Jur?dico Chileno%u201D. Ensayo publicado en Baraona Urzua, Pablo. F.F.A.A. y Seguridad Nacional. editorial Portada. Santiago. 1973. p.62: %u201CEl Senador Aylwin se?ala que %u201Cignoran o adulteran el pensamiento del Ilustre Comandante en Jefe del Ej?rcito y la tradici?n constitucional de nuestras Fuerzas Armadas, quienes invocan la %u201CDoctrina Schneider%u201D para justificar el uso del Ej?rcito, la Marina y la Aviaci?n como ejecutores de ?rdenes administrativas ilegales%u201D y, como para ilustrar las consecuencias pr?cticas de un criterio contrario, se?ala Aylwin: %u201Cque en los sucesos recientes se impuso cadena obligatoria de radios o se practicaron requisiciones o intervenciones cuya ilegalidad fue representada por la Contralor?a General de la Rep?blica%u201D.
Mario Esquivel opin:
August 22, 2005 @ 1:33 am
Posteriormente el General Carlos Prats replica al senador Aylwin en Diario el Mercurio 5 de Noviembre de 1972 argumentando en base a art. 71 y 23 de la C.P del E. De 1925 y D.F.L. N?1 de 1968: %u201CNo corresponde al Ej?rcito como tal, calificar de por s?, si determinadas ?rdenes o decisiones del Ejecutivo son ilegales, so pena de infringir lo prescrito en el art?culo 23 de la C.P.E. que declara nula de derecho la desobediencia o presi?n militar a la autoridad o de incurrir en un acto claro de deliberaci?n. Prohibido por el art. 22 de la Carta Fundamental.(…) Mientras subsista el Estado de Derecho la fuerza p?blica debe respetar la Constituci?n, y no compete a ella calificar %u201Ca priori%u201D si los Poderes del Estado la respetan o la infringen; hacerlo, empleando el poder de la fuerza, para afirmar su opini?n o sustituir a los ?rganos constitucionalmente llamados a decidir controversia, significar?a paradojalmente %u201Cecharse la Constituci?n al bolsillo%u201D. En cambio, es claro que la fuerza p?blica es el instrumento leg?timo que el Presidente de la Rep?blica puede emplear para hacer que respeten la Constituci?n quienes atenten contra el orden p?blico, ya sea mediante actos sediciosos o subversivos o buscando coercitivamente la paralizaci?n del pa?s%u201D
Esquivel opin:
August 22, 2005 @ 2:15 am
Por ultimo y con el debito respeto no deja ser paradojico y revelador que durante la “dictadura” la Constitucion Politica de la Rep?blica fue la conclusion de 7 a?os de una Comision de Estudios, de un Consejo de Estado y por una junta Militar; posteriormente aprobada a traves de un plebicito popular en 1980 posteriormente relegitimada en 1989 por un plebiscito popular y sin embargo ahora en “Democracia” estas 54 reformas se aprobaron sin plebiscito alguno, con un Congreso Nacional criticado por su supuesta falta de representatividad y con el ideologo maximo de esta Carta Fundamental asesinado por comandos terroristas.
Viva Chile!
Samaras opin:
November 4, 2007 @ 7:47 pm
Cool.