CARTA ABIERTA DE ACADÉMICOS DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE AL PROFESOR LUIS RIVEROS CORNEJO

CARTA ABIERTA DE ACADÉMICOS DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE AL PROFESOR LUIS RIVEROS CORNEJO
Transparencia Universitaria

Santiago, 22 de marzo de 2006

Estimado Profesor Riveros:

Como académicos y académicas de la Universidad de Chile y miembros del Claustro que debe elegir próximamente Directores, Senadores, Decanos y Rector de nuestra querida institución, nos dirigimos a usted a fin de expresarle algunos asuntos que nos preocupan. Usted ha desempeñado el cargo de Rector durante ocho años, y se está postulando para un nuevo período, por lo que está en una posición privilegiada para expresar su parecer sobre estos temas.

1. LEGITIMIDAD
El nuevo Estatuto de la Universidad dice textualmente que el Rector “podrá ser reelegido por una vez”. En el antiguo Estatuto, también de modo textual, se lee que el Rector “podrá ser propuesto y designado nuevamente por una sola vez”. En cambio en su caso tenemos que, más allá o más acá de cualquier Estatuto, podrá usted ser reelegido varias veces: ya lleva dos períodos de cuatro años, se prepara para un tercero, y esta vía le permitiría aún un cuarto período, completando quizá 16 años en el rectorado. Ningún otro académico o académica de este claustro goza de semejante beneficio, lo que lo deja a usted en una situación anómala, la de ser un profesor titular con más derechos que cualquier otro profesor. Peor aún: con este gesto se da a la opinión pública la impresión de que lo aparece en el nuevo Estatuto que hoy celebramos es letra muerta. Creemos que el país merece claridad respecto a lo que ocurre en la Universidad de Chile. Hemos encargado un estudio jurídico para ver si así tenemos más luces acerca de un asunto que hasta el momento aparece opaco. Quizá pueda usted aportar datos que nos aclaren este confuso panorama. Es relevante que el nuevo Rector elegido por el Claustro según el nuevo Estatuto cuente con la debida legitimidad ante la comunidad universitaria y ante el país.

2. TRANSPARENCIA
La promulgación del nuevo Estatuto marca para la Universidad de Chile el momento de su plena instalación en la normal institucionalidad del país. La elección debe ser abierta, informada, transparente, con un debate participativo y amplio: sólo así las nuevas autoridades contarán con la debida legitimidad, y daremos ejemplo de transparencia. Dentro del debido respeto por las personas y por la institución, tenemos la obligación, como académicos y académicas, de expresar con firmeza nuestros puntos de vista: es parte de nuestro trabajo, y privilegio de las auténticas universidades. Ha llegado la hora de que la institución se mire a sí misma y decida su carta de navegación para los próximos cuatro años. La universidad pública se ha dedicado a sufrir durante los últimos decenios. Hoy le toca decir su palabra y retomar el liderazgo, y no puede hacerse eso sin la debida legitimidad. Confiamos que estará usted de acuerdo con estos principios tan sensatos, y creemos solicitará a las actuales autoridades de nuestra Universidad que arbitren las medidas para que nadie pueda jamás cuestionar la limpieza de estas elecciones. El aparato de comunicaciones de la Universidad, su sitio web, los datos relativos al claustro, la utilización de planta física, la disponibilidad de los Departamentos y Facultades para acoger dignamente al debate intrauniversitario, deben estar al servicio de las diferentes candidaturas, porque todas ellas hacen grande a la Universidad. Del mismo modo, las autoridades en ejercicio no pueden como tales favorecer a ninguna de estas candidaturas en particular, y ya que se trata en este caso de personas muchas de ellas integrantes del equipo de confianza que usted, como Rector, nombró en su momento conforme a sus atribuciones, creemos que sería muy sano dar señales claras de imparcialidad y utilización equitativa de los recursos de los que dispone la Universidad.

3. RENOVACIÓN.
La Universidad de Chile tiene un pasado glorioso, y un pasado reciente algo atribulado. Tal como estaremos siempre atentos a recoger la gran tradición de Andrés Bello, Diego Barros Arana, Valentín Letelier, Juvenal Hernández, Eugenio González, Juan Gómez Millas y demás figuras que llenan de orgullo tanto a nuestra República como a nuestra Universidad, también es preciso estar a la altura de los tiempos. Necesitamos, pues, conservar los valores y el espíritu, a la vez que renovar a las personas. La persistencia por doce o dieciséis años de un Rector en su cargo no facilita, ciertamente, esa necesaria imagen de renovación. Nos parece que ha habido en los últimos años un estancamiento en la carrera académica. No hemos percibido durante su rectorado acciones concretas para que los profesores o profesoras de más edad, manteniendo sus nexos con la institución, puedan jubilar con la dignidad que merecen; y para que los académicos o académicas más jóvenes logren ascender en el escalafón. El inmovilismo puede ser muy dañino para una institución. Los cargos vitalicios no gozan ya de la reputación que tuvieron algún día en Chile. Quizá pueda usted aportar más datos sobre este tema.

4. SUELDOS DE LOS ACADÉMICOS.
Entendemos que el último reajuste de sueldos para los académicos de la Universidad de Chile se hizo hace unos diez años, antes de que usted asumiera. No ha habido desde entonces un mejoramiento de las remuneraciones, y esto nos deja entre los profesores peor pagados de todo el sistema universitario chileno. No se trata sólo de lucro. Los malos sueldos deprimen el espíritu, dificultan el contacto de los académicos y las académicas con las novedades de su disciplina, recargan innecesariamente su jornada y finalmente les facilitan el deslizamiento de hacia instituciones privadas, a menudo en condiciones contractuales muy dudosas. No es que el país esté mal. Todos los sectores de la actividad han progresado. En cambio nuestro personal académico percibe unos honorarios misteriosamente muy inferiores a los que pagan otras instituciones por los mismos servicios. Nos gustaría saber si durante los ocho años de su gestión ha llevado usted adelante medidas concretas y eficientes para superar este problema tercermundista. En una universidad pública fuerte y bien plantada no puede haber sueldos miserables y que den vergüenza.

5. EQUIDAD ACADÉMICA.
Pero no todos sufren por igual. Digámoslo derechamente: pareciera haber discriminaciones en nuestra Universidad. Nos gustaría escuchar de usted, que ha sido Rector de todos los académicos o académicas y no de unos más que de otros, que, al margen de la adscripción ideológica o de las amistades, no ha habido tratos preferentes para nadie. La belleza de una institución republicana es que los reglamentos valen igual para todos y que no hay tentaciones de favorecer a una u otra persona particular. Los académicos no hacemos carrera a partir de favores, sino desde nuestros intereses, nuestros aportes, nuestros méritos, nuestra personalidad individual, nuestra consistencia. Sabemos que es usted afín a un partido político y a determinadas concepciones de la existencia humana, y respetamos absolutamente su derecho: la libertad de pensamiento es una de las marcas distintivas de nuestra Universidad, uno de nuestros orgullos. Pero el pluralismo implica también hacer espacio a las convicciones y afiliaciones de los demás, y equilibrar las diferentes concepciones filosóficas e individualidades de la comunidad. Quisiéramos saber de qué manera ha garantizado usted en su rectorado la equidad académica, el derecho de todos y cada uno a acceder a cargos, financiamientos y honores conforme a méritos objetivos y no a afinidades no académicas. Cada cual es dueño de adherir al grupo que sea, y de declarar o no su pertenencia a él. La Universidad de Chile, como toda corporación, es una comunidad de comunidades: comunidades disciplinarias, etáreas, ideológicas, estamentales, etc., y todas ellas tienen derecho a existir y aportes que hacer. Pero este rasgo de su identidad la puede convertir en presa fácil de maquinarias de poder subterráneo, de hilos opacos que finalmente no harán sino enturbiar su buena marcha. Nos gustaría saber de qué modos concretos su rectorado ha tomado las providencias para que estos males no nos aquejen.

6. BUROCRACIA.
Nuestra institución se encuentra prisionera de un sistema de gestión más propio del siglo XIX que del siglo XXI, y creemos que usted estará de acuerdo con esta apreciación. Este tipo de burocracias tiende a atender con exquisita solicitud a un memorandum en sextuplicado al tiempo que da la espalda a las personas concretas. Existe la sospecha de que un aliado de la burocracia es cierto tipo de autoridad que, ocultándose en el caos de papeles, aprovecha su poder para actual de manera arbitraria y con favoritismos. Para la burocracia hay siempre una sonrisa tolerante, como si fuera un hecho fatal: nosotros estamos convencidos de que la burocracia es un enemigo frontal de las universidades públicas, y que urge diseñar un nuevo sistema de gestión, sin papeles, con respuestas claras, con procedimientos comprensibles que no estimulen la trampa, ni la vía excepcional, ni la falsedad, ni la opacidad administrativa. Nuestros funcionarios y funcionarias así como nuestras autoridades están regulados por un estatuto administrativo que penaliza las iniciativas, es indiferente a los resultados de las acciones y premia en cambio el trabajo cansino y el sometimiento. Nos gustaría saber qué se ha hecho durante sus dos períodos para remediar esta situación tan desfavorable, situación que muchas otras universidades públicas de todo el mundo han superado.

7. TRATOS CON EL ESTADO. Entre los méritos que se le atribuyeron a usted al elegirlo Rector, estaban el de “tener buena llegada con las autoridades políticas”. Pero, haya existido o no esa buena llegada, lo cierto es que nuestra universidad no ha logrado negociar con firmeza ni menos aún con éxito ante la contraparte estatal. Cualquier país perteneciente a la OCDE (club selecto del cual Chile anhela formar parte) gasta entre tres y seis veces lo que el nuestro en universidades públicas. El magro 14% o 20% de aporte estatal a nuestra universidad está muy por debajo de los rangos internacionales. Una universidad pública débil es directamente funcional al modelo de universidades privadas fuertes, entendiendo por privadas no lo que hay por ejemplo en los Estados Unidos (Harvard, Stanford, etc.), sino en su gran mayoría modestos institutos profesionales, centros de propaganda ideológica o simples negocios que se aprovechan de la laxitud de la normativa chilena respecto a lo que es o no es una universidad. No hemos logrado vislumbrar en su gestión una estrategia firme para cerrar un nuevo trato con la sociedad y con el estado, a fin de retomar la gran tradición de nuestras universidades públicas. Usted se ha quejado de nuestra situación, ha reclamado por ella, y en esto ha tenido siempre nuestro apoyo. Pero más allá de la queja, el país está esperando nuestras ideas y nuestra acción, un liderazgo quizá algo más contundente. Puede que tenga usted más datos sobre este asunto, y le agradeceríamos, por cierto, que nos los hiciera llegar.

8. INDICADORES.
Los criterios internacionales de calidad y las normativas acerca de acreditación y evaluación presionan hoy a todas las universidades para mantenerse dentro de ciertos rangos de eficiencia, gobernanza y transparencia. La Universidad de Chile, por su tradición, por el tamaño de sus terrenos, por su cuerpo académico, por sus bibliotecas históricas, sigue ocupando buenas posiciones. Pero hay indicadores según los cuales habríamos llegado al segundo lugar en prestigio. Carecemos de una política de extensión clara, como la que tuvimos históricamente: nuestra universidad supo en otro tiempo llegar a todos los sectores del país, y ya no. En académicos y académicas con doctorado también hemos caído. Algunas de nuestras facultades o carreras no son ya las mejor evaluadas, a veces ni siquiera llenan sus cupos. Nuestra editorial se ha ido jibarizando, y nuestra política de publicaciones parece difusa y débil. Tienden a abandonarnos muchos estudiantes que vienen de los colegios privados, y eso atenta contra nuestro principio de ser una universidad pluriclasista y heterogénea. En fin, en el tema de los indicadores nuestra universidad parece estar dando la batalla, pero a la defensiva, sin iniciativas visibles, sin áreas nuevas de desarrollo. Quisiéramos saber el por qué de esta situación, y cuál ha sido su estrategia de gestión rectoral para hacer frente al creciente dinamismo de las universidades privadas o de filiales de grandes universidades de otros países que empiezan a establecerse aquí.

9. TRATO A LAS PERSONAS.
Nos preocupa sobremanera, estimado profesor Riveros, el trato que nuestra institución da a las personas, a las mujeres y hombres de carne y hueso que pasan sus días en nuestros campus. Nuestros estudiantes no tienen por qué hacer colas interminables para pagar o para resolver la toma de un ramo. Nuestros académicos y académicas requieren de un ambiente mínimamente propicio y amigable, de instalaciones adecuadas, de menos papeleo y tramitación para llevar adelante su trabajo, cada cual en el nivel en que decida estar. Más que el cumplimiento del horario o de los trámites, lo que cuenta en una universidad es su espíritu, el amor por el conocimiento, la pasión por la ideas, el sentimiento de pertenencia, la justicia en la asignación de recursos, la sensación de ser escuchados. Tenemos la percepción de que el interés por las personas reales es más bien escaso, de que más allá de los esfuerzos individuales de una u otra autoridad ha primado en los últimos años una política de gobierno universitario que da prioridad a la majestad de las alfombras por sobre las visitas a terreno. Nuestro país ha cambiado: hay más recursos, más atención a las personas. El mundo se ha globalizado y se está haciendo digital. Y nuestra Universidad, en cambio, parece seguir en el pasado, viviendo a veces en un microclima de estrecheces operativas que se superpone a un genuino desprecio por las necesidades de cada académico o académica, funcionario o funcionaria, o estudiante. No hablamos sólo de gestos simpáticos -que por lo demás siempre se agradecen- sino de real preocupación, de una vocación por escuchar y por ofrecer soluciones imaginativas para que nuestra Universidad desempeñe la misión que le corresponde. Nos gustaría, por cierto, conocer su opinión, y saber las acciones que se han desarrollado en su rectorado para avanzar en esa dirección.

10. COMPROMISO CON LA VIDA PÚBLICA.
Finalmente, si usted ha afirmado que la política de partidos no debe ser parte de la vida universitaria ¿cómo se explica su propio compromiso público en favor de asumir personalmente una postulación como candidato a Senador de la Décima Región para el año recién pasado, finalmente no concretada? Creemos que todo académico o académica y todo ciudadano o ciudadana tiene derecho -a veces deber- de participar en la vida pública, o puede legítimamente abstenerse de ello. No nos queda del todo clara su posición en este aspecto, y por cierto que sería interesante despejar estas aparentes contradicciones.

Agradecemos a usted la paciencia para leer esta carta y enterarse de nuestras inquietudes.
Y estamos abiertos a seguir esta conversación en pro de la transparencia, de la legitimidad, de la renovación, de las remuneraciones justas, de la equidad, de la mejor gestión, de un nuevo trato con el estado, de un mejor desempeño y de un trato adecuado a las personas de nuestra comunidad. La Universidad de Chile fue grande, y sin duda normalizará plenamente su rol dentro del país, recuperando la plenitud de su orgullo y liderazgo.

Le saludan atentamente,

Roberto Cominetti Cotti-Cometti, Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas
Gonzalo Díaz Cuevas, Facultad de Artes
Alfredo Jocelyn-Holt Letelier, Facultad de Derecho, Facultad de Filosofía y Humanidades
Sonia Montecino Aguirre, Facultad de Ciencias Sociales
Manuel Pinto Contreras, Facultad de Ciencias Agronómicas
Pablo Ruiz Tagle Vial, Facultad de Derecho
Juan Guillermo Tejeda Marshall, Facultad de Arquitectura y Urbanismo
Sofía Letelier Parga, Facultad de Arquitectura y Urbanismo
Miguel Fodor Becsy, Facultad de Medicina

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