CRITICA SOCIAL BASADA EN EL LIBRO LA REPUBLICA EN CHILE PUBLICADA POR JUAN GUILLERMO TEJEDA EN EL DIARIO LA NACION EL DOMINGO 29 DE ABRIL DE 2007
Las Condes, tierra lejana
Yo viviría en Las Condes o en Vitacura, la verdad, por aquello del confort o el ajardinamiento, y por ver si se me ponen los ojos azules. Pero me da angustia quedarme encerrado en un gueto para ricos chilenos donde, se me ocurre, me van a obligar a pensar como ellos.
Nación Domingo
Guillermo Tejeda
Deambulo por el Persa Bío-Bío en busca de libros diseñados por Mauricio Amster, que son como la mitad de los libros editados en Chile. Amster firmaba algunos de sus diseños, y los otros hay que adivinarlos: sentir su caligrafía, sus disposiciones tipográficas, ese aire que sabía darle a las páginas… Doy con un ejemplar de la gran revista “Anales de la Universidad de Chile”, con portada de Balmes y textos acerca la Reforma Universitaria. Aquel episodio se desplegaba alegremente en 1969, después que los estudiantes de la Católica se tomaran su Casa Central. Quizá fue entonces cuando comenzó la vía chilena al socialismo, que según se vio después fue la vía chilena a la dictadura. Gran parte de los líderes políticos de ayer y hoy se forjaron en esas reformas universitarias, y de aquella generación salió también Jaime Guzmán, que se convertiría luego en figura intelectual de la dictadura.
A Jaime Guzmán sus hinchas decidieron hacerle un monumento, y acaban de poner la primera piedra en una plaza de Las Condes. En España eso no ocurriría, porque allí está prohibido que tengan monumentos en lugares públicos los dictadores o sus colaboradores. Por eso es que se han ido quitando los caballos con Franco en posición triunfal, ese caudillo al que Jaime Guzmán admiraba, según hemos leído en sus cartas. Quien tenga un ídolo no democrático debería situarlo en algún parque o jardín privado. Lo público, en cambio, busca los homenajes inclusivos, pluralistas, y Guzmán, aunque genial en muchos aspectos, no iba por ahí. Su amor por la democracia era tal que para defenderla estuvo dispuesto a fabricar una dictadura, y eso es así pese al amargo hecho de su asesinato. En todo caso, Las Condes no es propiamente un lugar público, es más bien un parque privatizado, un trozo europeo elegante en medio de estos peladeros nuestros llenos de cables y edificios asquerosos.
Yo viviría en Las Condes o en Vitacura, la verdad, por aquello del confort o el ajardinamiento, y por ver si se me ponen los ojos azules. Pero me da angustia quedarme encerrado en un gueto para ricos chilenos donde, se me ocurre, me van a obligar a pensar como ellos. Quizá exagero paranoicamente con lo de “ellos”. Habrá de todo, como lo hay en cualquier lugar del mundo. Igual capto como un estilillo Las Condes, una complicidad local comprimida. No logro comulgar con aquella visión miope de lo que deben ser un colegio, una mesita de centro, unas vacaciones… casi siempre cárceles ajardinadas donde alguien debe llevar uniforme. El tercermundismo cuico resulta casi peor que el tercermundismo pobre. Por eso es que regreso a los barrios chegres de la ciudad, ni siquiera a los pintorescos, sino a aquellas calles tristonas de Franklin, del centro, de Ñuñoa, y respiro allí ese toque indefinible de lo propio. Ante una belleza abusadora, prefiero algo más verdadero, aunque la estética no acompañe.
A lo mejor es envidia. O quizá sea una nostalgia de la República. Yo añoro el Santiago de 1900, donde jamás estuve, una ciudad bien plantada, con palacios de familias y grandes edificios institucionales. Pablo Ruiz-Tagle y Renato Cristi, que han estudiado muy bien a Jaime Guzmán (algunos de sus críticos los acusan de estar obsesionados), son los autores de “La República en Chile”, un ensayo de derecho constitucional, disciplina áspera pero indispensable para el bienestar ciudadano. Navegando por esas páginas me he encontrado con muchas referencias a Carl Schmitt, autor de un célebre texto, “La Dictadura”. Arranca Schmitt diciendo que los dictadores eran muy apreciados entre los romanos, porque salvaban al pueblo de la catástrofe. Y recuerdo de inmediato a Pinochet salvándonos de la catástrofe durante 17 años de peligro inminente. Un dictador, apunta Schmitt, es aquel que asume un poder no revocable sobre la vida y muerte de los demás. ¡Terrible oficio! Jaime Guzmán estructuraba constitucionalmente aquellas pirámides conceptuales, Pinochet le pasaba a Contreras el marcador rojo para ir tarjando nombres, y recién entonces el Guatón Romo podía salir de cacería nocturna. Los especialistas discuten acerca de si Pinochet fue un dictador soberano o un dictador comisario (especie de medio pollo, según le entiendo a Carl Schmitt), y al parecer no hay acuerdo. Pero sí hay acuerdo entre los chilenos, no sé por qué, en levantarle un monumento público, en un espacio público, abierto a todo el público, al ideólogo de aquellas barbaridades. Cosas así me mantienen apartado de Las Condes. François Villon supo describir bien lo que se siente: “En mi país estoy en tierra lejana”. lnd

Lenin Torres V opin:
May 10, 2007 @ 5:57 pm
Bastante aguda la critica realizada por el profesor Tejeda, nos lleva a cuestionarnos hasta que punto realmente debemos aplicar y asumir una postura tolerante frente a ciertas situaciones, es necesario algún parámetro que limite lo que asumimos por ¿pluralidad?, se hace necesario poner frenos a ciertas manifestaciones a favor de personajes que de alguna u otra manera han provocado las mayores masacres, angustias, represiones y separaciones sociales en nuestro país?. quizás la postura correcta sea justamente lo contrario a lo que hicieron ellos, asumiendo una posicion distinta, más abierta al debate y a la aceptacion de las diversidad política e ideológica, aun considerando que ellos no crean en aquella diversidad. A pesar de esto debemos seguir criticando y actuando dentro de los parametros del respeto al otro, aunque el otro no te haya respetado a ti. Quizás esta postura demasiado cristiana produce un efecto contrario, y va creando las nuevas condiciones para volver a caer en situaciones horrorozas para la historia de chile. hasta que punto realmente debemos aplicar y asumir una postura tolerante frente a ciertas situaciones, es necesario algun parametro que limite lo que asumimos por ¿pluralidad?..
Pablo Ruiz-Tagle opin:
May 10, 2007 @ 8:11 pm
Estimado Lenin: Una respuesta a su interrogante acerca de los límites al pluralismo y la tolerancia es que este debe ser protegido siempre que no afecte los derechos fundamentales de las personas y los valores de la dignidad, la igualdad, la libertad y la democracia constitucional. Por supuesto esta respuesta mía no necesariamente implica que no es controvertida o que debemos estar de acuerdo. Es importante también evitar caer en la desconfianza prima facie y el resentimiento con todos los que han violado estos valores. El liberalismo republicano cree en la posibilidad de la persuasión mutua como forma de evitar el caer en la eliminación del adversario como alternativa. Cordialmente. Pablo Ruiz-Tagle.
yo opin:
May 13, 2007 @ 1:39 pm
qiero el libro la edad del pavo
Andrés Martin opin:
May 17, 2007 @ 11:07 pm
En las poblaciones callampas, y en los campamentos, nadie sabe que son los Derechos Fundamentales.
Si le preguntaramos a la primera señora que se nos cruzara, o a cualquier joven parado en una esquina, no sabrian decir qué son los Derechos Fundamentales, menos aún, podrían ponderar el valor de la constitución.
Probablemente no les interesaría.
Seguramente, los problemas más cotidianos, los problemas más elementales, ocupan su mente de forma casi exclusiva, y no hay tiempo, ni energias para discutir acerca de los derechos, de la soberanía, y cosas por el estilo.
Parar la olla es, con mucho, la preocupación más importante.
Con esto no quiero decir que no se deba discutir de contitucionalismo, ni de los derechos.
Mi única intención es llamar la atención de un hecho: las personas más débiles y desposeídas (aquellas que debería proteger la constitución de los abusos de poder tanto públicos como privados), se encuentran completamente ajenas, completamente abstraídas en una realidad que para nosotros es difícil de aprehender.
En sus lugares de habitación, las poblaciones y los campamentos, los Derechos Fundamentales son desconocidos y además, pasados a llevar constantemente, imponiéndose una verdadera ley de la Selva, donde el más fuerte se impone de forma atroz a los débiles, con una violencia inusitada.
Incluso el poder coercitivo del Estado (aquel que vemos tan imponente reprimiendo marchas en el centro) se ve superado por un espiral de violencia incontrolable, que se escapó de las manos de todos hace tiempo.
Me gustaría saber como responde el ideal republicano y constitucionalista a esta realidad cruda, fría, que se desarrolla en nuestro país.
Porque me parece que no es factible modificar esta realidad desde arriba, imponiendo un modelo, que si no se condice con las necesidades y la voluntad de la mayoría de la población no funcionará, asi de simple.
La mejor constitución del mundo no servirá si la situación social se hace insostenible, si la injusticia acumulada tras el debate académico no se soluciona.
Por mientras, podemos hablar de Schmitt, de Rosseau, de Marx o de Jesucristo, pero en nada va a cambiar la realidad este debate, en la medida en que no propongamos soluciones concretas a los padecimientos de una buena parte del país.
En síntesis, creo que el desafío de el contitucionalismo es ese: extender los derechos fundamentales efectivamente allí donde no son mas que una sombra de lo que deberían ser, alargarle el brazo a la República, alli donde le cuesta.
Pablo Ruiz-Tagle opin:
May 18, 2007 @ 12:50 pm
Estimado Andres: La cuestión que usted ha planteado es muy importante. Yo le pediría que lea el capítulo sobre DERECHOS FUNDAMENTALES Y POBREZA del libro LA REPUBLICA EN CHILE y conversemos (puede ser por esta misma vía). NO creo que el constitucionalismo, los derechos fundamentales, el derecho queden obsoletos frente al tema de la pobreza y la desigualdad extrema. Me parece que la forma de combatir esas realidades es precisamente a partir del derecho, el constitucionalismo y los derechos fundamentales. Me gustó mucho su frase final: …alargarle el brazo a la Republica… Cordialmente. Pablo Ruiz-Tagle.
Rodolfo Saldivia opin:
May 22, 2007 @ 12:07 pm
Estoy de acuerdo con lo planteado por los compañeros pero pienso que la pobreza de hoy no hay que idealizarla. Hoy ciertamente esconde varias caras. En ese sentido ¿ a qué se enfrenta el derecho hoy? ¿ de que manera el constitucionalismo puede limitar ese poder evidentemente desproporcionado y abusivo de los privados? Ciertamente que el derecho debe hacerse cargo de ello, pues parte vital de su sentido se explica por la disminuciòn de toda forma de crueldad, de terminar con ese estado de naturaleza barbárico que corrompen las sociedades y que terminan destruyéndolas desde adentro y no desde el estado. Es ésa forma de abuso de poder (economico) sobre grupos de la sociedad civil que confieren al derecho y a nosotros el desafío de enfrentarnos precisamente a una de las más crudas realidades (dificultades que precisamente discutiamos hoy en clases) ¿cómo el derecho y el estado se hacen parte de la solución? ¿cómo lo hacemos? cómo hacemos para que se distribuya mejor la riqueza. ¿es acaso la educación la soluciòn?
Al parecer se plantea el consenso en la elite politica de que hay que alargarle los brazos a la republica, pero hasta ahora los medicos-politicos, no se han puesto de acuerdo en cómo proceder y parecen tener al enfermo postrado en plena operación, sòlo con sedantes.
Francisca Gutiérrez opin:
May 22, 2007 @ 9:43 pm
Me parece que el problema no solo radica en la distribución del poder (si bien es un tema sumamente importante y que no debe ser dejado de lado) sino que también tiene mucho que ver con las oportunidades.
A qué me refiero: en cuanto al círculo de pobreza parece que existe concenso respecto de que el cambio fundamental para lograr romperlo es otorgar una educación de calidad y eficiente. Sin embargo lo que estanca la evolución del debate político, como bien ha señalado mi compañero en el post anterior, son los procedimientos mediante los cuales queremos llegar a estos resultados.
Este debate, esta pugna “procedimental” en general siento se ha dado de modo repetido en diversas situaciones: no es que los políticos no deseen el avance, todo lo contrario todos propendemos al desarrollo de nuestra sociedad, pero no logramos ponernos de acuerdo en la forma, quedando el sustrato, la esencia, el fondo relegado al olvido. Esto nos ha llevado en innumerables ocasiones a que perdamos el norte en las discusiones políticas de peso y terminemos en la frandulización y las consiguientes descalificaciones.
Volviendo un poco al punto de la discusión sobre la educación y el freno del poder, me parece que el poder privado ( y por privado entendemos en este caso el poder de los que poseen grandes ingresos) a veces se ve opacado por el poder mismo que las grandes masas populares tienen frente a problemas cotidianos: y con esto me refiero a que organizandose las personas de todas formas sin grandes ingresos pueden lograr grandes cambios: es lo que sucedio por ejemplo con la revolución pinguina y la educación. Entonces ¿por qué siempre culpar al sector privado y a la distribución de riqueza de los grandes problemas de pobreza?
Si bien tienen influencia en que esto siga así, no podemos negar que también parte por uno la iniciativa de querer despegar. Las oportunidades que entrega el Estado, subsidios, becas, y otras, son medidas que adopta el gobierno para poder ayudar a romper este círculo vicioso. Sin embargo, son muchas las ocasioens en que mucho se alega y finalmente las oportunidades que se han concedido son olvidadas: un ejemplo es lo relativo al no pago de la PSU y la enorme cantidad de alimnos que después de alegar, finalmente no hicieron los trámites pertinentes para rendir la PSU sin pagar.
A qué voy con esto: la pobreza no solo va por una cuestión de ingresos, sino que también va estrechamente vinculada al aprovechamiento de las oportunidades. Aun cuando tampoco son excivamente abundantes, si existen, y no todas son tomadas oportunamente. Me parece que el problema fundamental va por cambiar la mentalidad del chileno común, que nunca pierda el tesón y las ganas de salir adelante y que para ello se mueva siempre buscando una oportunidad que algún día saldrá a la luz. Corresponde al gobierno entregarnos las herramientas, pero de nosotros depende usarlas.
——————–
En cuanto a la pobreza y los DD.FF un solo comentario ( para nos eguir dando la lata):
creo que aun cuando la gente común no tiene conocimientos básicos de derecho y no sabe qué son lops DDFF en su esencia, si tiene una noción de que es lo que es el Bien Común. Al final todos tendemos al bienestar, al progreso del Bien Común en la Sociedad. Partimos por acciones en nuestro hogar y terminan en grandes movimientos y grandes cambios a nivel institucional. En este sentido, decir que los sectores más desposeidos no tienen o no les itneresan los DD.FF o la Constitución me parece algo errado, pues al final ambas cosas se fundan en principios relativos a las personas que apuntan a un sano desarrollo de la sociedad. La igualdad, la dignidad, la libertad la democracia son cosas por las que luchamos todos los días, nos abanderamos por aquellas ideas inconcientemente en neustor desempeño.
La idea de DD.FF es una esencia de la cual todos de algún modo estamos impregnados: lo único que no todos conocen es su nombre.
Pablo Ruiz-Tagle opin:
May 23, 2007 @ 1:08 pm
Estimadas alumnas y alumnos: excelente el comentario de la alumna Gutierrez y de los alumnos Lillo, Salvdivia que nos pone en sintonía con el tema de los derechos economicos y sociales y con el tema de la pobreza que discutiremos en las proximas sesiones del curso. Cordialmente. Pablo Ruiz-Tagle.
Lenin Torres V opin:
May 23, 2007 @ 6:38 pm
Yo concuerdo en algunas cosas planteadas por mi compañera Gutierrez, pero no del todo. Comparto que muchas veces las discrepancias para lograr el bien común se reducen a problemas procedimentales de los distintos bandos políticos, o sociales, pero no creo que esto sea generalizable para todos los casos.
No deja de ser imporante plantear que desde mi punto de vista cualquier tipo de procedimiento, o cualquier forma por la cual se quiera implantar algún proyecto, tiene inmiscuido de manera quizás implícita en algunos casos, “ciertas intenciones”,que conllevan ciertas prioridades.
El tema acerca de los procedimientos en política, claramente manifiesta enfoques muy distintos acerca de como deben hacerse las cosas, pero pongo en serias dudas, que muchas veces todos tiendan al bien común, no todo proyecto esta impregnado de buenas intenciones (suponiendo que es sinónimo de bien común), sobre todo los políticos. Para poner un ejemplo, quizás demasiado polémico, podemos discutir acerca del proyecto de la junta militar, de todas las políticas gubernamentales impulsadas durante ese periodo, sinceramente creen que sus “procedimientos” respondían al desarrollo del bien común de la sociedad, o simplemente respondían a ciertos sectores? .Con esto no pretendo caer en descalificaciones, simplemente manifestar que de los procedimientos se deducen intenciones, que van acompañadas de un elemento sustancial de preferencia, y que por esta razón nosotros al enfrentarlos a la evaluación de estos proyectos los calificamos de “buenos” o “malos” , de “eficientes” o “ineficientes”, si no fuera así, una posibilidad de lograr el desarrollo optimo de toda la sociedad seria sentarnos y esperar el paso del tiempo hasta lograr el anhelado bien común, que en este caso, podría lograrlo cualquier procedimiento. Recalco que no es una descalificación, es asumir y con respeto que existen diferencias en las intenciones derivadas de prioridades de cada persona, que por lo demás son totalmente validas en los sistemas políticos.
El segundo punto que me interesa tocar el tema acerca del aprovechamiento de las oportunidades, concuerdo con francisca que muchas veces en la mentalidad del chileno el problema de la pobreza se mantiene o se agudiza por la falta de aprovechamientos, el caso podría ser el que presento ella, con los alumnos que rendían la psu. Sin embargo, no creo que esta razón sea vinculante para gran parte de la gente pobre de nuestro país. En este punto respaldo la posición de mi compañero Martin al plantear que “seguramente, los problemas más cotidianos, los problemas más elementales, ocupan su mente de forma casi exclusiva, y no hay tiempo, ni energías para discutir acerca de los derechos, de la soberanía, y cosas por el estilo.
Parar la olla es, con mucho, la preocupación más importante”.
En Chile , gracias a un trabajo sostenido de 17 años, se ha logrado reducir al 18% la pobreza, falta mucho aun, y para eso se necesitan oportunidades reales y convincentes, el problema mental del chileno común desaparece cuando se realizan estos grandes proyectos políticos-sociales, y cuando se le da credibilidad a la gente que lo que se esta haciendo realmente les servirá de manera segura.
Por ultimo el pensar que todos tendemos al bienestar, al progreso del bien común en sociedad, me parece contradictorio con la tesis del no aprovechamiento de las oportunidades, si no somos capaces de utilizar esas herramientas para nuestro bien, como podremos trabajar para tender al bien común?. O el no aprovecharlas, también resulta ser un procedimiento teleológico de optimización social?
Andrés Martin opin:
May 30, 2007 @ 5:15 pm
Me referiré brevemente a la última afirmación de mi compañero Lenin, con respecto al cuestionamiento de la tesis según la cual la pobreza es, en mayor o menor medida, consecuencia de el no aprovechamiento de las “oportunidades” que se le ofrecen a las personas pobres, tesis sostenida por mi compañera Francisca.
A mi juicio, es sumamente peligroso sostener que LA POBREZA pueda ser causa de la “flojera” en el aprovechamiento de las oportunidades.
Distinto es afirmar que UN INDIVIDUO pueda empobrecerse de esa forma, algo lógico e innegable, que suele ocurrir frecuentemente.
Sin embargo, la realidad es que la pobreza no es ni un fenomeno individual ni tampoco unidimensional.
En efecto, la pobreza es un fenomeno social, que afecta no tan solo a un grupo de individuos, sino también a una comunidad, por lo que una iniciativa destinada a superar la pobreza, debe tener un sustrato mínimo de colaboración e interrelación social.
Además, la pobreza no tiene una sola cara.
Sería erróneo relacionar la pobreza inmediatamente con la falta de recursos económicos, pues sería desconocer su carácter múltiple.
La pobreza no es solo económica, sino tambien sicológica.
El pobre no solo carece de medios materiales, sino que tambien se siente discriminado, angustido, deprimido, etc.
En síntesis, creo que es una simplificación riesgosa aquel argumento según el cual el no aprovechamiento de las oportunidades es una causa de la pobreza, en general. Se puede sostener a nivel de experiencia individual, mas no de mal nacional.
Es por eso que la extensión presupuestaria de los programas asistencialistas no logrará vencer de raíz el fenomeno de la pobreza.
Tampoco lo lograrán las leyes (está de sobra decir que estas no modifican la relidad).
Una conjugación de esos elementos, debe ir acompañada de una extensión efectiva de la participación ciudadana y comunitaria, y del aumento de posibilidades “reales” de superación de la misma.
De esa forma, la pobreza podrá ser combatida en sus aspectos materiales, institucionales y sicológicos, lograndose una concepción mas comprehensiva del fenómeno, y, por lo tanto de sus formas de superación.
El objetivo final, pienso yo, no es “ayudar” a los pobres, como si fueran agentes externos, circundantes como satélites a la sociedad, sino incluirlos a la participación y al debate público, enriqueciéndolo y diversificándolo.
De esa manera, nuestra democracia trunca, coja, débil, se fortalecerá y será capaz de acoger a la totalidad de sus hijos.