ENTREVISTA EN DIARIO LA NACION DOMINGO POR MIRKO MAKARI (DOMINGO 19 DE AGOSTO DE 2007)
Pablo Ruiz-Tagle analiza la interpelación a Belisario Velasco
“El diputado Álvarez parecía animador de televisión”
El académico dice que el camino del Parlamento mediático, sin deliberación política de calidad, es lo que termina en el baile del koala. Además, recuerda que la concentración de la riqueza privada es claramente un problema republicano y en eso -señala- es donde falló el Gobierno de Ricardo Lagos.
Tal vez porque su nominación al cargo de contralor no fue aprobada por el Senado, es que Pablo Ruiz-Tagle conserva su tranquilidad y sentido del humor. “En realidad estaría metido en hartos líos”, comenta risueño este profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Chile, PhD en Yale y socio del estudio jurídico de Carlos Larraín. Coautor, junto a Renato Cristi, del libro “La República en Chile”, Ruiz-Tagle es un apasionado de las instituciones políticas, su filosofía y funcionamiento, y por eso conversamos con él para situar en perspectiva uno de los hechos políticos que marcaron la semana.
¿Vio la interpelación al ministro Belisario Velasco por televisión?
Sí, quizás soy uno de los pocos que lo vio por el canal de la Cámara de Diputados.
¿Qué le pareció?
Sería buena una interpelación ministerial a la semana para reforzar nuestro espíritu republicano. Uno de los problemas que hubo con la interpelación es la falta de práctica, pues ha habido sólo tres. Son muy largas, en los tiempos de comentarios a las preguntas y a las respuestas hacen verdaderos discursos, y el sentido de la interpelación inglesa es que le hagan preguntas a la autoridad que le interesen al pueblo, al ciudadano, que transmitan información y permitan la deliberación política.
Claramente, eso no fue lo que ocurrió.
La oposición, hasta ahora, ha usado la interpelación para fundar una acusación o para desbancar una autoridad.
¿Cuál es su veredicto de este round para la tele?
Creo que Velasco salió ganador, pero tampoco se trata de hacer grandes discursos políticos sobre el Gobierno de Pinochet. En Inglaterra se hacen bromas, pero lo fundamental es que se hacen preguntas y que éstas se contestan. Si uno piensa que hay 22 ministros y se puede citar a cada uno de ellos tres veces al año, podríamos tener más o menos una interpelación por semana. El Transantiago se podría haber mejorado mucho si, en vez de partir con comités políticos encerrados y lectura de puros informes técnicos, se le hubiera explicado al país todo a través de sesiones especiales de interpelación.
Eso también implicaría concebir el Congreso como un lugar de deliberación pública, en un sentido más amplio que la mera formación de leyes.
Claro, es lo que me interesa. Que lo que yo he llamado la Quinta República chilena se mueva hacia un sistema donde tenga más injerencia la decisión parlamentaria y no la mediática, ni tampoco el exceso de poder del presidencialismo.
La coalición de Gobierno ve la interpelación a un ministro como una amenaza y la oposición la lee como un ataque.
Eso está equivocado en varios aspectos. Uno, que la interpelación sea percibida como un camino a la acusación, pues hacerle preguntas a una autoridad es algo que interesa a los ciudadanos, no sólo para acusarlos, sino para entender qué es lo que se está haciendo. También está equivocado el carácter mediático, que el diputado Álvarez abra los brazos y hable como el animador de un show de televisión.
¿Le pareció un animador de televisión?
Sí, pienso que en un momento habló así. Cuando al final dice “váyase, ministro”, y miraba para atrás a sus partidarios, como buscando aprobación. Lo encuentro inaceptable, fue muy histriónico, más de lo que corresponde a un diputado de la República.
En todo caso, fue más sobrio que el baile del koala.
Sí, desde el baile del koala a la actuación mediática de los que han interpelado, al menos hay un progreso.
Eso no pasaría en la Cámara de los Comunes, supongo.
No, en la Cámara de los Comunes hay algún grado de ironía, de histrionismo, pero lo fundamental es que se entiende que la institución es para preguntar cosas específicas que les interesan a los ciudadanos.
Nos falta entonces para sentirnos los ingleses de Sudamérica.
Esto de parecerse a otros países es una aspiración un poco ridícula.
Si Rodrigo Álvarez parecía animador de televisión, ¿qué me dice de Belisario?
Hubo muchas preguntas que no respondió.
¿Fue evasivo?
No, es que las respondió de una manera formal, no contestó el fondo del asunto. Además hizo un comentario, para generar un clima más tenso, sobre el viaje de Pinochet a Filipinas. No es comparable la situación, porque la dictadura de Pinochet no es un período constitucional, no había Parlamento, no había interpelaciones; fue mezclar peras con manzanas.
Tal vez fue Álvarez quien no supo llevar a Belisario al rincón de los acusados.
Claro, las líneas de causalidad en las preguntas tienen que ser bien hechas; en eso, el diputado Álvarez falló, hizo preguntas muy generales.
Y eso que Álvarez es considerado entre los parlamentarios más inteligentes.
Bueno, yo creo que es inteligente, pero a veces las personas inteligentes hacen preguntas tontas, y los tontos hacen preguntas inteligentes.
¿No le parece que el Congreso ha perdido estatura republicana?
La ha perdido, está en un pésimo momento, pero tiene posibilidades de recuperarse. La última reforma constitucional reforzó sus atribuciones políticas y hay mucha gente en el país que se está dando cuenta que hay que mejorar la calidad de la vida política. Acabo de ver un informe muy bueno, de una comisión parlamentaria, sobre el financiamiento de la prensa en Chile por parte de las empresas estatales.
¿Será como una luz al final del túnel?
En realidad muestra que el Congreso puede hacer bien su trabajo. Soy optimista por naturaleza, y aunque he dicho que éste es el peor Parlamento en la historia de Chile, creo que está empezando a mejorar. Una forma de lograrlo es a través de la construcción de instituciones como las comisiones especiales, que pueden llegar a realizar informes que sean fundamentos de proyectos de ley, tal como esta comisión que se acaba de crear sobre la pobreza. Es una iniciativa excelente: si todo el país está discutiendo este asunto, ¿por qué no reunir todas las iniciativas parlamentarias que tienen relación con la pobreza?
Bueno, Pinochet pensó en un Parlamento bien lejos y ojalá con los señores políticos bien deslegitimados, que es un poco lo que está pasando.
No le echaría sólo la culpa a Pinochet, aunque tiene una gran responsabilidad. La responsabilidad ha sido de los parlamentos que se han elegido en este período, y que lamentablemente siguen una lógica neoliberal, en que las cuestiones privadas están antes que las públicas. Todas esas leyes sobre transparencia del patrimonio de los parlamentarios, esas iniciativas para que se abstengan de votar cuando tienen conflictos de interés, van por unos caminos que no son rectos. Todos esos parlamentarios que tienen estudios jurídicos, por ejemplo. Los períodos parlamentarios deberían restringirse, sino se enquista una clase política. No quiero nombrar a personas específicas, pero hay gente que se ha repetido demasiado.
MI AMIGO CARLOS
Es que muchos entienden la carrera política como un anexo de sus carreras personales.
Y además hay gente que se instala en el Congreso porque no sabe hacer otra cosa. De partida, todos los políticos que han sido parlamentarios o funcionarios desde antes de 73, ya es tiempo que piensen en jubilarse.
Carlos Altamirano es un ejemplo de sentido de responsabilidad en ese sentido.
Claro, él ha conservado una cierta dignidad al retirarse.
¿No cree que en general las instituciones son deficitarias a la hora de hacer efectiva la responsabilidad política en Chile?
Pero claro, en Chile hay instituciones completas que no responden al principio de responsabilidad, como el Banco Central y el Tribunal Constitucional. Algunos justifican eso, pero yo estoy en desacuerdo: en una democracia, toda persona con poder político debe tener responsabilidad política.
Eso compromete la fe pública, que es básica para que la democracia no sea una farsa.
Más que la fe pública, no se asume el principio de la soberanía popular, porque la idea en la democracia es que gobierne el pueblo y se respeten los derechos de las minorías. Pero cuando una persona se instala en un cargo de Gobierno y no responde a las mayorías, o no se preocupa de que participen las minorías, y sigue una agenda personal o de negocios, se está engañando a las personas.
¿Ve alguna señal positiva en el trabajo parlamentario?
Es una buena señal la creación de esta comisión de la pobreza que te mencionaba, porque se crea antes de una explosión mediática, no en la lógica de apagar un incendio, como la Comisión de Transantiago o muchas otras. Se debería hacer un trabajo de comisiones más en la línea de proyectar políticas de largo plazo y lograr acuerdos. He sabido, por ejemplo, que en la Cámara la oposición se niega a ir a las comisiones de este tipo. Pero sí están en las comisiones investigadores, mediáticas, donde se puede criticar al Gobierno.
¿Y se lo ha dicho a su amigo Carlos Larraín, presidente de RN?
Bueno, mi amigo y socio Carlos Larraín tiene opiniones sobre política que yo no comparto. Tenemos muchas diferencias en estas materias.
¿Qué le ha dicho?
Le he dicho que me parece que la oposición no tiene un proyecto y que las críticas que hacen son muchas veces mezquinas.
También se nota un exceso de comisiones investigadoras que no terminan en nada, porque todo está cocinado de antemano.
Eso hay que decirlo claramente: no es el espíritu republicano y esto corre tanto para la oposición como para el Gobierno , este espíritu mediático de gobernar por titulares, de buscar el efecto político de que parezca que se está haciendo algo, o que no se hizo algo que debió haberse hecho. Eso alimenta una labor parlamentaria poco digna, y el destino de eso es el baile del koala.
¿No será que está obsoleta la teoría republicana de la división de poderes, que no contemplaba la omnipresencia de los medios ni un poder financiero con intereses supranacionales?
Stuart Mill hablaba de la prensa como el cuarto poder del Estado; esto de la opinión pública tampoco es tan ajeno a los clásicos.
Estoy hablando del condicionamiento mediático de la política, no de la existencia de la prensa en sí.
No, no queda obsoleta porque el fondo de la teoría republicana es que hay más libertad y más tranquilidad para los ciudadanos cuando los poderes no están reunidos. El problema es que en Chile el cuarto poder está en pocas manos, y esas pocas manos lo usan para beneficio privado y no para favorecer el debate público republicano.
¿Hay un déficit republicano en el mercado de la prensa?
El proyecto del constitucionalismo republicano es combatir las concentraciones de poder público y privado. La concentración de la riqueza privada es también un problema republicano y ahí es donde yo creo que falla Ricardo Lagos. Lo decía en el libro: en el Gobierno de Lagos, donde se hicieron algunas cosas positivas, hubo un gran déficit en materias de concentración de la riqueza, y ése es uno de los problemas que tenemos ahora. El estudio que te mencionaba sobre financiamiento público de la prensa es muy interesante, dice que hay algunos ministerios económicos, como Hacienda o la Tesorería, que destinan un porcentaje alto de su financiamiento a “El Mercurio”, lo que no está totalmente regulado por Chilecompra, como debería ser; es decir, con un criterio de no discriminación que permita el surgimiento de nuevos medios y una distribución más equitativa.LND

Pablo Ruiz-Tagle opin:
August 27, 2007 @ 10:08 am
Estimado Juan Pablo: Sus comentarios y lo que ha informado a traves suyo el dirigente de los pescadores es exactamente el problema que tenemos en Chile. Muy poca participación institucional y demasiada representación y la participación sólo se toma en serio cuando es violenta. El sistema tiene un deficit que debemos pensar como corregir y para eso no basta el derecho, sino que la historia y la sociología también pueden ayudar mucho. Cordialmente. Pablo Ruiz-Tagle.
Pablo Ruiz-Tagle opin:
August 30, 2007 @ 7:04 pm
Estimado alumno Javier Gallegos: Lo felicito por su post que más que una pregunta es una reflexión inteligente como algunas de las que ha hecho antes en la clase. La diferencia en la materia judicial entre Montesquieu y la versión Madison-Montesquieu es la idea de dar más o menos poder a los jueces y sentar las bases del control judicial constitucional en lo que Madison en el Federalista anuncia esta que es una de las ideas más caracteristicas del constitucionalismo norteamericano y que luego es adoptado en Europa y Latinoamerica en versiones diversas a partir de la segunda mitad del siglo XX. Trataremos de explicar más acerca de estas ideas cuando leamos el Federalista 78 y otros textos relacionados.
¿Cuanto poder es necesario transferir para contrapesar es la pregunta clave del constitucionalismo y no tiene una respuesta univoca ni estable?
La denominación “postura” de la catedrá (catedra quiere decir silla del profesor) es una forma indirecta de decir una posición del profesor. A veces esta postura no es original del profesor sino de otro autor como sucede en mi caso con ideas de Rawls, Ackerman, Madison, Jefferson, Bello, Lastarria, Hunneeus, Amunategui, Molina etc.
En ningún caso esta postura de catedra (lenguaje que a veces resulta un tanto pomposo) tiene que ser compartida por otros profesores, por mis ayudantes y menos por mis alumnos. Todos tiene libertad para tener sus propias ideas. Estas posturas son entonces ideas mías que muchas veces por lo demás reviso y cambio si me parece que son equivocadas.
Saludos cordiales
Pablo Ruiz-Tagle.