PRESENTACION DEL LIBRO EL NEGOCIO DE LAS UNIVERSIDADES EN CHILE DE MARIA OLIVIA MONCKEBERG (18 de diciembre de 2007 en Salon Domeyko, Casa Central de la Universidad de Chile)
Señor Rector, autoridades académicas y editoriales, invitados especiales, colegas profesores, alumnos e invitados todos a esta presentación. He recibido el encargo de la Universidad de Chile, de la Editorial Random House, y de la autora, la destacada periodista María Olivia Monckeberg de comentar el libro EL NEGOCIO DE LAS UNIVERSIDADES EN CHILE. Yo no entiendo la actividad universitaria de la presentación de un libro como un momento de adulación de sus autores o de una obra. Tampoco como simple repetición, a veces fragmentaria, de lo que contiene el texto presentado. Lo entiendo como el planteamiento de las conjeturas que surgen para el lector a partir de lo que se lee. Y como recién hoy he terminado de leer las seiscientas sesenta y nueve páginas de este trabajo, estos comentarios no pueden ser mas que mis primeras anotaciones marginales.
En este caso particular el comentario se complica, porque animado por mi pasión por las cuestiones universitarias, he sido uno de los entrevistados por la autora. He dado mi opinión sobre materias tan diversas como la importancia de la libertad y de la divergencia intelectual activa como características esenciales del tipo ideal de la universidad. También he hablado sobre las distorsiones en la Universidad de Chile y en la Universidad Católica en sus relaciones de autoridad y en particular con el Estado y la Iglesia Católica. He comentado los sistemas de subsidio de las universidades ya establecidas a favor de las nuevas, tales como el levantamiento de académicos, los profesores taxis, las investigaciones que migran de un lugar a otro, las bibliotecas que alimentan los alumnos y los profesores de las universidades que no tienen los libros etc. La verdad es que he sido crítico y bastante duro en mis aseveraciones, al igual que muchas otras personas que aparecen en esta obra y me dan ganas de seguir hablando de esas mismas cosas. Quizá podría aclarar mejor algunas de las cuestiones que he planteado, que pueden llegar a ser malentendidas. Pero eso sería un acto de auto referencia muy aburrido, que nadie, ni siquiera yo estoy en condiciones de tolerar.
Creo que lo que se espera de mi en esta ocasión es un pronunciamiento comparativo que destaque las diferencias que existen entre el pensamiento del presentador y la obra presentada. Con ese objeto y antes de referirme a ellas, explicaré algunas cosas sobre el texto que presento, que le sirva de introducción. El libro dice en su contratapa que se enmarca en el proyecto de investigación de la autora que se refiere a los grupos de poder económico y religioso del Chile del siglo XX y XXI. Particularmente se entronca con su obra anterior que se publicó en el año 2005 y que se titula LA PRIVATIZACION DE LAS UNIVERSIDADES. UNA HISTORIA DE DINERO, PODER E INFLUENCIAS donde se trata el origen de las universidades privadas chilenas durante el periodo militar. Lo anterior explica porque en forma consciente la autora ha tratado estos temas desde una perspectiva que ella misma define en su prologo del siguiente modo: “No pretendo en estos capítulos ser neutral. Las historias que constituyen este libro reflejan lo que he visto, y se complementan con informes de lo que he investigado y conversado. Pero están escritas desde un punto de vista. El de alguien que cree en la democracia y que sueña con una sociedad más justa. Que todavía no entierra todas las utopías.” (p.16)
También me parece importante juzgar la forma del libro, pero advierto que mis comentarios pueden carecer de rigor, porque en su texto yo he sido calificado como un “aficionado a escribir libros”. Asumiendo mi perspectiva, que no es la de un profesional de la prensa me parece que en este libro se han usado toda clase de documentos públicos y privados, incluyendo entrevistas y antecedentes. A pesar de la diversidad de sus fuentes el libro se percibe como una obra unitaria y que además está bien escrita. El secreto de su construcción es que se ha usado como base una medida de información y lectura que no cansa y que consiste en reiterar una micro unidad dentro de cada capítulo que son las sub secciones. Estas tienen aproximadamente 2000 caracteres cada una, y corresponden aproximadamente a una columna de opinión periodística, lo que por cierto facilita su lectura. Cada una de estas sub secciones y capítulos tiene un título que es sugerente, que a veces puede parecer un tanto tendencioso en relación al contenido, pero que siempre constituye una señal y una explicación acerca del propósito que anima a la autora al tratar ese asunto en particular. El libro consta así de diecinueve capítulos que son muy amplios y diversos.
Aunque los capítulos de esta obra son difíciles de clasificar, me parece que los nueve primeros tienen un carácter monográfico, porque se refieren a la relación de algunas universidades con sus administradores y propietarios. Los capítulos X a XV inclusive discurren sobre el efecto del nuevo panorama en las universidades que hasta ahora se han denominado tradicionales. El capítulo XVII trata el tema de los subsidios y las exenciones que tienen las universidades y el capítulo XVIII el tema de las donaciones. El libro cierra haciendo referencia a la idea del caleidoscopio. Es quizá en referencia a la imagen diversa y cambiante que se forma al avanzar la lectura de su libro, el que la autora ha designado su parte final con el nombre de este objeto maravilloso. Sobre la idea del caleidoscopio volveremos a referirnos al término de nuestros comentarios. Al final de todo el trabajo un anexo con información ordenada sobre las características principales de todas las universidades chilenas y un índice onomástico que son de gran utilidad comparativa.
Por su parte y con respecto a las observaciones que nos merece el contenido del libro quiero hacer cinco comentarios. El primero consiste en destacar que el libro de la profesora Monckeberg constituye prueba y evidencia suficiente que el problema de las universidades chilenas no puede remitirse al difícil momento que estas tuvieron que pasar durante la dictadura militar. En este sentido el presente libro viene a complementar y también quizá a contradecir en parte el planteamiento de la publicación anterior de la misma autora del año 2005, LA PRIVATIZACION DE LAS UNIVERSIDADES. UNA HISTORIA DE DINERO, PODER E INFLUENCIAS que trataba ese periodo histórico como fundacional. La presente obra demuestra con creces que en los gobiernos de la Concertación se han producido nuevas distorsiones en la vida universitaria que no pueden atribuirse al periodo que va de 1973 a 1990. Algunas de estas distorsiones tienen a mi juicio una mayor gravedad, porque afectan todas las universidades y porque complican algunas casas de estudio que fueron creadas después de 1990.
La segunda observación, que es una especie de corolario de la anterior, se refiere a que las distorsiones de las universidades chilenas no se refieren únicamente a las universidades privadas. El libro prueba que las distorsiones afectan prácticamente a todas las universidades, incluidas por cierto las públicas, las universidades católicas y las no estatales creadas con anterioridad a 1981. Una de las contribuciones de la obra, que ya se anuncia en el texto del año 2005, es que la autora propone reclasificar las universidades chilenas en tres categorías lo que supone terminar con la confusión de universidades tradicionales, públicas y privadas que existe en la actualidad. La autora clasifica las universidades en tres grupos: 1) públicas, que serían las que tienen vínculos de propiedad y administración con el Estado; 2) particulares, grupo en el que se incluyen las universidades católicas y las privadas existentes antes de 1981 y 3) privadas, que son las que se crean a partir de 1981. Lo anterior es importante para abordar el problema del alineamiento de los incentivos de manera que pueda evitarse el que se produzcan nuevas distorsiones del sistema universitario. Además en el libro se contienen importantes propuestas de solución de parte del rector Victor Perez y del vicerrector Iñigo Diaz, de los decanos Brieva y Sepúlveda, del profesor Waisbluth, del rector Rosso, de rectores de universidades regionales, de profesores de muy diverso tipo, de dirigentes estudiantiles, de alumnos de funcionarios públicos etc. El cuadro de las propuestas de solución es tan amplio y diverso como lo es el de las críticas. De hecho yo propongo concentrar las energías de los que lean este libro en el estudio de la “solucionatica”, mas que en de la “problemática” universitaria. Debo decir que si se lo lee con cuidado, en este libro se encontraran muchas buenas ideas para mejorar las universidades chilenas.
La tercera constatación que da cuenta este libro es que existe un importante número de universidades creadas recientemente en Chile que están animadas por un propósito religioso, ideológico o político. Estas universidades como todo institución humana pueden ser objeto de crítica, particularmente porque el espectro de la divergencia que ellas admiten parece muy limitado y también porque a veces han tomado decisiones erradas. Pero esto no implica que podamos prescindir de su competencia. Sostener que las universidades deben crearse y existir en un vacío religioso, ideológico o político sería aceptar la idea errada del corporativismo gremialista, y transformarnos en partidarios de las normas constitucionales y de la misma LOCE que pedimos derogar. Esta idea ha sido abandonada en la práctica por los propios ex gremialistas los que han ejercido su hegemonía política por mas de treinta años sobre profesores y los alumnos en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica y desde que asumieron su vinculación con las universidades privadas ligadas a la UDI. Además como se constata parcialmente en el libro algunas de esas mismas universidades que están animadas por un espíritu religioso, ideológico o político, destacan por su seriedad académica en materias de investigación y docencia, tales como son el caso de la Universidad de los Andes y la Universidad Alberto Hurtado. Por eso a mi me parece que lo importante es que todas las instituciones se desarrollen a la par en un sistema de educación que sea tanto público como privado y que siendo transparente sea igualmente robusto y diverso. La idea es que el desarrollo de las universidades privadas religiosas, ideológicas o políticas no se haga a costa de la destrucción o el debilitamiento del sistema público. Adicionalmente, que se produzca una evolución de estas instituciones hacia niveles de apertura y tolerancia mayor se ve posible como se ha demostrado en Chile con el caso de la Universidad Católica, que en muchas de estas cosas ha imitado la Universidad de Chile. También se demuestra con la situación que todas ellas han superado gradualmente de lo que significo el ser intervenidas durante la dictadura militar. Además se puede comprobar en Estados Unidos y en Europa, porque muchas de las grandes universidades fueron en su origen de matriz religiosa. Entre estas se pueden mencionar por ejemplo, el caso de Harvard, Oxford, Yale y también la Universidad de Paris entre muchas otras. La pregunta es entonces como hacer para que esa evolución hacia una mayor libertad y divergencia se produzca en las instituciones de inspiración religiosa, ideológica y política, sin que se desvirtúe el proyecto que las anima en sus orígenes y que motiva la generosidad de sus fundadores.
Mi cuarto comentario y no por ello menos importante se refiere a destacar que el libro prueba que existe una contribución creciente y muy significativa de parte de empresarios privados en el rubro de la educación, que han hecho importantes donaciones y que se involucran en proyectos educativos muy diversos. En el libro se muestra a muchas personas que contribuyen al financiamiento universitario y educacional chileno de manera honesta y leal. Desgraciadamente estas contribuciones en el contexto del libro pueden ser mal interpretadas, porque se puede pensar que ellos se han aprovechado para fines personales de recursos públicos y privados en las instituciones universitarias. El libro en esta materia, no hace estas distinciones que son importantes, porque el aporte privado a la educación debe incentivarse junto con el estatal, como parte de todo lo que debe sumarse a las contribuciones nacionales, que a su vez deben complementarse con los aportes internacionales. Debe evitarse que se genere un ambiente antipático para que las personas contribuyan de manera transparente a los proyectos educativos con los que se sientan mejor representados. Todos los meses yo recibo de parte de la Universidad de Yale, donde estudié, una revista y una invitación a ser donante. En la modesta medida de mis posibilidades he contribuido con donaciones en el extranjero y también en Chile. Por ejemplo, he dado mi aporte a la Fundación Facultad de Derecho de la Universidad de Chile para remodelar su aula. A este respecto siempre me ha llamado también la atención que algunas personas que estudiaron cuando la Universidad de Chile era prácticamente gratuita, todavía hoy no se sientan invitados a cooperar con el financiamiento de nuestra querida alma mater. Si eso se mantiene en el tiempo constituirá una gran verguenza.
Mi último comentario se refiere a la dificultad de controlar el fraude económico y académico en las materias universitarias. En un trabajo que hicimos en conjunto con Sofia Correa y un grupo de ayudantes propusimos separar el control de las cuestiones pedagógicas y académicas de las económicas y administrativas, y pedimos el uso de la FECU para todos los establecimientos educacionales, una idea que no estuvo presente en la Comisión Presidencial y que se acogió en los acuerdos de educación y que se confirma en su necesidad por la lectura del libro. En el capítulo denominado el “árbol de los subsidios” se explican las formas y composición de los diversos beneficios asociados a las universidades. Entre ellos el Aporte Fiscal Directo o AFD, el Aporte Fiscal Indirecto, AFI, también conocido como marraqueta; los diversos fondos para financiar investigación, entre ellos FONDECYT, FDI, FONDEF etc., los créditos CORFO para las PYMES con aval del Banco Mundial usados por algunas casas de estudios, algunas de ellas mencionadas en el libro, las exenciones del impuesto a la renta de la Ley 13.713, la exención del pago de IVA del Decreto Ley 825 de 1974, la liberación del pago de impuesto de contribución de bienes raíces de sus propiedades, la liberación de timbres, estampillas y, herencias del Decreto Ley 3475, las normas sobre crédito universitario con aval del Estado, entre otros beneficios que favorecen prácticamente por igual a todas las universidades. A todo esto se agregan las complejas formas de las sociedades inmobiliarias mediante los cuales los dueños se vinculan con las universidades y muchas otras intrincadas situaciones jurídicas. La conclusión que resulta del estudio de todas estas normas es bien clara y es que en el Estado de Chile, tal como lo declaran por lo demás sus autoridades del Ministerio de Educación y de Impuestos Internos, entre otros, no hay capacidad actual para controlar las universidades en su actividad financiera y/o académica. Y eso que como lo afirma este libro, de modo paradojal, es en la actividad universitaria donde quizá hay más beneficios, subsidios y exenciones en términos comparados con cualquier otra actividad económica.
La Constitución en su artículo 19 No.10 y los tratados internacionales vigentes en esta materia han dispuesto un mandato para que el Estado cumpla con velar por la educación en todos sus niveles. Entre los tratados se pueden mencionar las normas internacionales que ha suscrito Chile en materias referidas a la educación son principalmente el artículo 26 de la Declaración de Derechos Humanos y el artículo 13 Nº 1 del Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales, publicados en el Diario Oficial el 27 de mayo de 1989. También se ha mencionado en relación con esta materia la Convención relativa a la lucha contra la discriminación en la esfera de la enseñanza, publicada el 30 de noviembre de 1971.
En el texto de la carta fundamental y en los tratados citados la educación se ha definido como el pleno desarrollo de la persona en las distintas etapas de su vida, lo que incluye capacitar a todas las personas para participar activamente en una sociedad libre, favorecer al comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y entre todos los grupos raciales, étnicos o religiosos y promover las actividades de mantenimiento de la paz. Lo anterior se logra con el desarrollo conjunto de los alumnos, los profesores y todos los que intervienen en el proceso educacional. La Constitución no acostumbra a definir términos como lo hace respecto del concepto de educación, una definición que se completa por lo que disponen los tratados. Si nos tomamos la definición constitucional y de los tratados de educación y el mandato constitucional del Estado en serio, el lucro sólo puede ser un fin secundario en las instituciones educacionales. El mandato constitucional del artículo 19 No.10 prohíbe primariamente transformar la educación en un simple negocio. Eso sería descuidar el fin principal de la educación que ha sido definido por la constitución y los tratados como el desarrollo de las personas con los objetivos antes señalados.
El libro es en verdad una acumulación de datos impresionante, que prueba que las universidades han sido usadas muchas veces exclusivamente para lucrar, que sugiere que en algunos casos existen casos de presunciones de fraude y de atentados graves a la fe pública. Se comprueba además, que muchas autoridades de los gobiernos de la Concertación e incluso parlamentarios, han estado trabados en sus conflictos de interés, y no han cumplido con sus tareas de proporcionar a la ciudadanía chilena la información pública relevante, de resguardar la fe pública y prevenir el fraude. Jorge Millas se manifestó contra lo que llamó la universidad comprometida en la década de los sesenta y setenta y también contra la universidad vigilada durante la dictadura militar. Al conocer algunos de los fraudes que se nos describen en este libro, creo que usaría todas sus fuerzas para denunciar lo que me atrevo a sugerir denominaría universidad prostituida.
Hay muchas otras cuestiones que trata esta obra que me hubiese gustado abordar como exponer la crítica de la idea de los bienes públicos que ha servido para que algunas personas traten de legitimar sus actividades en las universidades privadas o la falta de valoración de los procedimientos públicos y del reconocimiento del mérito, o de la concepción ciudadana de libertad e igualdad que justifica y anima la educación pública y de su contribución a la paz, la tolerancia y la convivencia. Podría también comentarse la necesidad de una ordenación territorial universitaria, la consideración de los fondos de inversión que requieren las universidades para ser libres, del endeudamiento público y privado y de los problemas que caracterizan la sucesión en las autoridades universitarias, o las falencias del nuevo sistema de acreditación. En fin tantas cosas que debemos omitir en razón del tiempo.
En definitiva, se podrían decir muchas cosas de este libro. Se puede afirmar que muestra un trabajo enorme de parte de su autora. Que ha realizado con su equipo de ayudantes un trabajo inmenso que equivale a lo que debían haber hecho las autoridades educacionales, el Servicio de Impuestos Internos y varias otras reparticiones públicas. Que por cierto aborda un tema fundamental que se refiere a la composición y la formación de las elites en nuestro país y que lo hace desde una perspectiva ciudadana y democrática. Se puede decir también que el libro no sólo contiene críticas y denuncias. En muchas de sus páginas se describen conflictos, pero en otras encontramos interesantes propuestas de solución. Se podrían también comparar los datos de la sección: ¿Quién es Quién? Del texto del año 2005 y ver sus diferencias y semejanzas con el texto actual, para detectar sus cambios.
Se advierte eso si que el trabajo no es completo, porque tiene el carácter de una fotografía, de una muestra que intenta capturar un momento de nuestra situación. Por eso, a pesar que abarca buena parte del tema universitario en su conjunto faltan antecedentes importantes. Cito a modo de ejemplo, el no haber encontrado un tratamiento equivalente al que se da en otras universidades, a algunos de los conflictos públicos de la Universidad Diego Portales. Aunque en el volumen del año 2005 se entrevista a Francisco Javier Cuadra, en este no se menciona el conflicto público que afectó su rectoría. Carlos Peña aparece en el libro mencionado como profesor titular de la Universidad de Chile, cuando en verdad es profesor asistente. Tampoco se recoge la denuncia sobre fondos de investigación que motivo la salida del ex fiscal Alex Caroca, o las críticas a las remuneraciones millonarias de sus directivos y las discusiones sobre la preservación de su calidad. No se explica el apoyo de los gobiernos de la Concertación en obtener su financiamiento, que incluyen la asignación de proyectos sin concurso, en materias de justicia programas antidelincuencia, educación etc.
Advierto además un primer efecto no deseable que puede producirse de la lectura de esta obra y que puede resultar de la imagen que evoca, esto es del caleidoscopio y de una forma de lectura descuidada. Me parece que en ella pueden confundirse muchos esfuerzos rescatables y nobles que existen en Chile en materia universitaria y educacional hasta llegar a asimilarlos por asociación con lo que nos merece reproche moral y jurídico
El segundo efecto general y más profundo que puede producir esta obra es que su lectura no nos hace más optimistas. Al constatar las distorsiones y problemas de las instituciones universitarias en Chile, si es que estas de verdad nos importan, es seguro que nos entristecemos. Comprobaremos como nos inunda la pena como resultado del conocimiento de nuestros defectos.
Recordemos a este respecto como los nobles en La Guerra y la Paz de esa gran novela de Leon Tolstoy advierten que enseñarles a leer a los campesinos, los puede hacer menos felices, porque conocerán mejor las miserias de su condición. Esta es la misma tristeza con la que se concluye la lectura de este libro. Una tristeza que acompaña a veces la vida civilizada y el despertar del conocimiento, porque sabemos que desde antiguo el búho de Minerva abre sus alas al anochecer. Por su paciencia en escuchar estos comentarios, muchas gracias.*
