Por Pablo Ruiz-Tagle, publicado en September 2, 2011 a las 10:21 am
· en Blog
Cristi y Guzmán
Gonzalo Rojas
(Publicado en pagina web de Facultad de Derecho PUC el día 2 de agosto 2011 que motivo la censura por negación del derecho a réplica)
En un reciente artículo, publicado esta vez en Diario Financiero, Renato Cristi ha vuelto a desfigurar el pensamiento de Jaime Guzmán. A partir de un editorial de la revista Realidad de 1982, Cristi “hace decir” a Guzmán, cosas que nunca escribió.
En primer lugar, el rigor de Cristi queda muy puesto en duda, al atribuirle el editorial de la revista a Jaime Guzmán, a pesar de que no lleva su firma. Si el historiador nos hubiese consultado, habría recibido la respuesta adecuada: Los editoriales eran redactados por variadas personas, entre ellas ciertamente Guzmán, pero con frecuencia respondían a otras plumas, a otros miembros del Comité Editorial.
Pero eso es casi lo de menos al compararlo con las lecturas antojadizas que hace Cristi de lo que sostiene el editorial. Veamos sólo tres:
Cristi afirma que cuando el editorial sostiene que “el ejercicio directo de la tarea universitaria [sea] asumido en mayor volumen por la actividad particular, ella queda entonces “sometida a la logica del mercado” (estas son las palabras conclusivas de Cristi). No fluye conceptualmente. La concurrencia de particulares y Estado en la oferta de un bien o servicio es siempre asimétrica y nunca implica, por lo tanto, un supuesto sometimiento a la lógica del mercado. El Estado no es nunca uno más sometido a esa lógica… justamente porque regula mucho o poco, pero regula al fin… los mercados. No fluye históricamente. Hasta 1980 había 6 universidades privadas y 2 del Estado. De acuerdo al error conceptual de Cristi, entonces, ya imperaba la “lógica del mercado” y nada nuevo habría sido introducido con la legislación de 1980-1.
En segundo lugar, Cristi afirma que “Guzmán rompe con la doctrina social de la Iglesia” porque “es verdad que la doctrina pontificia propone la función subsidiaria, pero enfatiza en igual medida la función solidaria del Estado por la que se legitima su capacidad para defender, articular y promover los intereses colectivos.” Pero ¿dónde dice tal cosa el editorial? ¿Cuando afirma la necesidad de conseguir “la gradual desestatización de nuestra estructura universitaria” está pidiendo que el Estado sea prescindente en el tema o que participe estimulando un mayor compromiso de los particulares con la educación, lo que ciertamente es también una función solidaria? Obviamente, lo segundo.
Finalmente, Cristi afirma que Guzmán (el editorial, en verdad) “rompe con el republicanismo en Chile” porque “tradicionalmente, las universidades fueron instituciones que impartían educación cívica, al igual como lo hicieron históricamente nuestros institutos militares; no fueron instituciones subsidiarias, sino que en ellas se cultivó la solidaridad entre jóvenes de diferente proveniencia social, diferentes credos y diferentes comunidades étnicas.”
Lo curioso es que Cristi olvida que 6 de esas 8 universidades eran -y siguen siendo- de propiedad privada y que si cumplieron era tarea lo hicieron desde variadas ópticas -laica, cristiana, científica, regional- y no desde una sola mirada supuestamente estatal, practicando así la subsidiariedad en consonancia con el republicanismo. ¿Qué le impediría a las nuevas universidades de propiedad privada continuar con la tarea de sus antecesoras?
Esto de mirar los textos con lupas opacas produce ceguera.
Respuesta a Gonzalo Rojas
Renato Cristi
(Réplica de Renato Cristi censurada respecto de la que se negó el derecho a réplica en página web de Facultad de Derecho, PUC)
En “Cristi y Guzmán”, Gonzalo Rojas me acusa de falta de rigurosidad intelectual por no consultar con él acerca de la autoría efectiva de los editoriales anónimos publicados en la revista Realidad. No lo hice porque Rojas no perteneció al comité editorial de esa revista. En enero de 1992, hice la consulta correspondiente a Ernesto Illanes, director de esa revista, quien tuvo la gentileza de indicarme los editoriales redactados por Guzmán. Tengo una carta fechada 11 de mayo, 1992, de Patricio Dussaillant, director de la Fundación Jaime Guzmán, que confirma lo que me señalo Illanes. El editorial en cuestión aparece en la lista facilitada por Illanes.
En lo sustantivo, Rojas me dirige tres objeciones. En primer lugar, Rojas no cita el texto completo de lo afirmado por Guzmán. Guzmán indica que el Estado debe estimular la iniciativa privada con el fin que “el ejercicio directo de la tarea universitaria [sea] asumido en mayor volumen por la actividad particular.” Y luego reconoce que el objetivo último de la reforma de 1981 es “la gradual desestatización de nuestra estructura universitaria.” Que 6 de la 8 universidades existentes a la fecha hayan sido privadas no significa que no hayan sido todas ellas, como efectivamente lo fueron, básicamente financiadas por el Estado, y por tanto no sometidas a la lógica del mercado.
En segundo lugar, cuando afirmo que Guzmán rompe con la doctrina social de la Iglesia lo hago por su énfasis exagerado en el principio de subsidiaridad en desmedro del principio de solidaridad. Y ello por razones conceptuales. En 1969, en su condena al estatismo, Guzmán observa con horror que “el Estado ha ido invadiendo y controlando progresivamente los más variados campos de la actividad nacional.” Lo que Guzmán teme es que el “omnímodo poder estatal caiga en manos de un Gobierno que esté dispuesto a emplearlo en forma inflexible e inescrupulosa,” como reconoce que ha sucedido en Chile “con el advenimiento al Poder del Partido Demócrata Cristiano.” Ya en esa época Guzman piensa que la solución es el papel subsidiario estatal, que “recoge su savia” de una “honda raíz filosófica.” Guzmán describe esa raíz de este modo: “El hombre goza de una prioridad ontológica y de finalidad respecto de la sociedad. De ello se deriva que el Estado es un instrumento que debe estar al servicio del hombre, y no al revés. Ya que, mientras el hombre – ser substancial – tiene un destino eterno, el Estado – ser relacional – agota su existencia perecedera dentro del tiempo.” Esta extraordinaria afirmación filosófica, que Guzmán incluirá en la Declaración de Principios de la Junta de Gobierno, presenta al Estado como un mero instrumento para los fines del individuo, y como un puro ser relacional afecto a la contingencia, Al negar la necesidad ontológica del Estado, Guzmán socava el principio de solidaridad y reduce el bien común a una mera convergencia de bienes particulares. Esto coincide con el anti-estatismo de Hayek que explícitamente niega la noción de bien común y reduce al Estado a la suma contractual de individuos
Finalmente, el hecho que las 8 universidades tradicionales hayan sido financiadas básicamente por el Estado permitió una educacion superior casi gratuita y sin la marcada segmentación social anti-republicana que existe hoy en día. Hay que notar que en 1967 el gobierno de Eduardo Frei impulsó una reforma universitaria para profundizar la democracia en la educación superior, reforma que Guzmán buscaría refutar intelectualmente en su Memoria de Prueba, Teoría sobre la Universidad de 1970.